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El burro y la bala; anhelado regreso

Columna SIN NOMBRE

Por: Luis Arellano Sarmiento

MEXICALI. – Eliminar el tren de pasajeros fue una dolosa equivocación de los gobiernos neoliberales en contra de la gente que menos tiene.

Poco les importó que el tren fuera el medio de transporte más barato y, por ende, el elegido por mexicanos que querían trasladarse distancias largas. Tampoco les importó que el ferrocarril significaba una fuente de vida para cientos de pueblos cuyos residentes vivían del comercio, principalmente de comida.

El 2 de marzo de 1995, siendo presidente el priista Ernesto Zedillo Ponce de León, decretó la privatización de Ferrocarriles Nacionales de México con la reforma al artículo 28 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, continuando así la política neoliberal que Miguel de la Madrid Hurtado inició, y potencializó Carlos Salinas de Gortari.

Nada les importó que, en 1937, el general Lázaro Cárdenas del Río, concretara para la nación la rectoría en operación y prestación del servicio público ferroviario de carga y pasajeros.

Con la concesión, los años posteriores a 1995 inició el capital privado a controlar las redes ferroviarias, y fue hasta el 19 de febrero de 1998, cuando dejó de funcionar el tren de pasajeros de la ruta del pacífico, la que llegaba a Mexicali. Hace casi 26 años.

Por su interés turístico y redituable, solamente dos rutas conservaron en el país: la del Chepe de Sinaloa a Chihuahua y el de la ruta del Tequila en Jalisco.

La ruta ferroviaria del pacífico llegaba hasta Guadalajara, con la salvedad de que, en Benjamín Hill, Sonora, se bifurcaba la vía, al norte seguía a Nogales, y al oeste atravesaba el Gran Desierto de Altar hasta llegar a Mexicali, Baja California.

Uno de los grandes concesionarios privados es precisamente Ferrocarril Mexicano (Ferromex), empresa que tiene bajo control las rutas de los estados del pacífico y varios estados norteños más.

Desde hace semanas, el presidente anunció informalmente su decisión de regresar el tren de pasajeros en México, por la misma vía que está concesionada a los particulares pero que únicamente utilizan para transporte de carga.

El 13 de noviembre en Ciudad Obregón Sonora, mientras el presidente Andrés Manuel López Obrador realizaba la conferencia de prensa mañanera escuchó el silbido del tren y volvió a decir que antes del 20 de noviembre emitiría el decreto que regresaría el tren de pasajeros a los mexicanos.

La estación del ferrocarril de Ciudad de Obregón está frente a icónica colonia Plano Oriente, la más antigua de esa ciudad. Resultaba una fuente de juego para los púberos subirse y apearse de los vagones en movimiento.

A quienes nos tocó viajar en el tren del pacífico, seguramente conocimos al “burro y la bala”, los dos trenes de pasajeros de la época; el primero era más barato, más lento y se paraba en cada pueblito a dejar o levantar pasajeros, por eso tardaba más en llegar.

El tren bala era más caro, tenía boletos de primera y segunda clase, hasta vagones dormitorio, sólo llegaba a las estaciones en las ciudades y era más veloz.

Entre vagón y vagón había piso, incluso podías estar ahí y mirar el paisaje, como el sepia del noroeste de Sonora, el paisaje verde de Nayarit o Jalisco, que era hasta donde llegaba al sur para después transbordar.

Todo el viaje escuchabas el tronido del tren sobre los durmientes; atravesabas túneles incrustados en los cerros y todo se quedaba en tinieblas; el sol desaparecía pues a veces los árboles eran por mucho más grandes que el ferrocarril e ibas en medio de la vegetación.

Para el norte, atravesar el desierto de Sonora implicaba la posibilidad de experimentar una tormenta de arena que se metía por todos lados a los vagones.

Para una familia de cinco personas, resultaba complicado realizar un viaje largo en avión o camión, por eso de obregón a Tamaulipas nos íbamos en tren a Guadalajara, después en camión hasta Ciudad Mante, donde nació mi papá.

El viaje era largo y podías caminar de vagón en vagón, observando la gente y a los garroteros, quienes traían una linterna que usaban como señal entre ellos. ¡Vámonos! Gritaban mientras colgaban de las escalinatas de los vagones cuando era tiempo de partir.

Fue una noche de principios de los años ochenta, que viajando en tren pregunté ¿Qué es eso apá?, son luciérnagas respondió, brillan, tienen luz propia. En el momento y hasta la fecha, quedé fascinado, nunca he vuelto a ver una.

Por eso me dio mucho gusto que el presidente López Obrador anunciara el regreso del tren de pasajeros, no sólo el Tren Maya o el del Istmo de Tehuantepec en el sureste.

Ayer 20 de noviembre de 2023, fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el “Decreto por el que se declara área prioritaria para el desarrollo nacional, la prestación del servicio público de transporte ferroviario de pasajeros en el Sistema Ferroviario Mexicano”.

Son más de 20 mil kilómetros de redes ferroviarios propiedad de la nación, que están concesionadas y utilizadas para transporte de carga. A dos empresas en particular, entre ellas Ferromex, se entregaron 17 mil 484 kilómetros de vías.

El presidente está haciendo uso legítimo de los bienes nacionales para servicio de los mexicanos, y la sorpresa fue que la utilización de las vías para tren de pasajeros está estipulada en los contratos de concesión otorgados a particulares por Zedillo Ponce de León.

En una cláusula dice claramente que la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, podrá otorgar concesiones a terceras personas para que dentro de la vía férrea presten servicio de pasajeros.

También, señala que el concesionario estará obligado a otorgar los derechos de paso a quienes obtengan el permiso para operar tren de pasajeros.

Es decir, siempre ha sido una posibilidad tener tren de pasajeros, pero como los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del Partido Acción Nacional (PAN), nunca quisieron que los hubiera, simplemente dejaron que desaparecieran.

Los actuales concesionarios tienen de plazo el 15 de enero de 2024 para manifestar su interés de operar simultáneamente los trenes de carga y de pasajeros, se les dará prioridad; pero si no lo hacen, el gobierno federal podrá otorgar ese derecho a particulares o a la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) o la Secretaría de la Marina (SEMAR), estas últimas dependencias públicas, ya administran los próximos a inaugurar Tren Maya y Tren del Istmo.

Desafortunadamente no está incluido Mexicali, el proyecto inicial del presidente López Obrador incluyó siete rutas, entre ellas la de México-Querétaro-Guadalajara-Tepic-Mazatlán-Nogales. Esa es la misma del pacífico que, en Benjamín Hill, Sonora, se divide y una ruta va a Nogales y otra a Mexicali.

Lo importante es que ya falta menos para que el tren regrese a Mexicali, es cuestión de tiempo.

Sobre el regreso del tren de pasajeros, cuestionamos a la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda, quien dijo estar convencida que el futuro de la movilidad es el tren.

Hace una semana que estuvo López Obrador en Baja California y platicaron sobre el tema, expuso la mandataria minutos después de terminar el desfile conmemorativo a la Revolución Mexicana.

Un día antes, el 19 de noviembre estuvo en Ciudad de México en el registro como precandidata de Claudia Sheinbaum Pardo, con quien platicó del tema para exponerle contemplar a Mexicali, pero no sólo eso, un proyecto a largo plazo sería el tren transpeninsular, es decir, con trayectoria en toda la península de Baja California, plan del que desde hace tiempo está en los deseos de ex trabajadores del ferrocarril, pues hace unos años lo expusieron en rueda de prensa.

La gobernadora mencionó que su papá fue ferrocarrilero, por eso había llegado a Mexicali.

 

21 de noviembre de 2023

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