PregoneroBaja

Un camión lleno de libros

Foto: Luis Arellano

Bicitecleando: andares por la ciudad

Por: Tomás Di Bella

Fue en Rosarito cuando vi por primera vez un camión azul cielo sin nubes, que pasaba tranquilamente rumbo hacia alguna comunidad. Era el camión biblioteca de Amigos de la Biblioteca, AC, y en cuyas entrañas iban viajando libros de todas las categorías: poemas, ficción, cuentos para infantes, historias de dinosaurios, novelas clásicas, libros sobre ciencia para expertos, libros sobre la fauna y flora de la región, y cientos de temas más que ustedes saben que son sabrosos.

Andando el tiempo, fui invitado a subirme al camioncito. Mar fue la primera en decirme que tuviera cuidado con el pasillo de libros, pero luego Jael, que maneja el camión, me invitó a colocar libros en sus estantes, y no menos fue Fer quien me mostró cómo es que los libros se prestan y se leen. Grandes mujeres que ustedes ni sabrán pero que aún andan repartiendo, leyendo, mostrando y actuando una vida vital de libros que van y vienen.

Pude, discretamente, estar presente cuando el camión librería llegó a la comunidad de Primo Tapia, y presencié la alegría de muchos niñas y niños deseando tomar los libros en sus manos, abriendo los ojos ante la cuenta cuentos, ante las risas similares a los sueños de felicidad que todos tenemos. Vi la escena de compartir un libro, fundamento de la imaginación, para que una niña pequeñita se lo llevase a su casa y leérselo a su papá.

Otras veces, yo no podría decir ni hacer nada, pero las mujeres iban y venían a comunidades lejos del centro, a estancias olvidadas de la vida, a lugares alejados del presupuesto y de la vida cotidiana.

Puedo recordar con gran alivio y sincera felicidad, cuando presencié el arribo de los libros al orfanato más lejos de tu casa, e incluso más alto llegado casi al cielo. El lugar, en el cerro Coronel, los meandros de Rosarito, donde niñas y niños salían de su estancia a devorar los libros, con sus ojos, con sus risas, con su aliento, con sus ganas de vivir libres.

Sí, no hay otra manera de decirlo: los libros tienen el alma lista para que al abrirlos, abracen al lector.

Mexicali, BC, a 15 de diciembre de 2021

Foto: Luis Arellano
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