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Foto: Luis Arellano

Locuras de animales repetitivos

Bicitecleando: andares por la ciudad

Por: Tomás Di Bella

Desde que me pongo a trabajar en la mesa siempre hay una mosca que aterriza en el mismo lugar. La asusto, le digo ¡chu! Y vuela y se va. A los dos minutos vuelve, al mismo lugar, y luego hago el ritual de decirle otra vez lo mismo. Luego vuela y quién sabe adónde se va, pero regresa. Lo mismo sucede con el gato, el burócrata por excelencia: siempre hace lo mismo todos los días: me espera afuera de la puerta, me pide agua, me pide croquetas, se las come, sale al patio, busca quién sabe qué cosa, caga, mea. Y al otro día igual, la misma rutina.

Ayer hubo un desmadre en la calle donde vivo: ya era en la noche, y los vecinos hacían aspavientos, gritaban, una de mis vecinas tiraba chorros de agua con su manguera, su hijo golpeaba la barda, y otras vecinas gritaban desde sus casas. Qué sucede, me dije, y pensé en un incendio, o en un atraco, en algo inesperado.

Al salir veo que en una casa un perro grande estaba aniquilando a otro perro más pequeño. La escena era incoherente. El perro, un pitbull, abandonado durante todo el día por los dueños, decidió, quitarle la vida a otros de los perros, y la lucha era como si vieses el animal channel.

Historia corta, nadie pudo quitarle de encima de las fauces de la bestia al pobre animal atrapado y chillando como un indefenso inocente ante el depredador.

Reflexiono acerca de esto. Me parece que somos tanto la mosca, el gato y el perro asesino.

Si somos la mosca, tenemos hábitos de regresar al mismo lugar, aunque las señales nos digan que no pertenecemos, que seremos excluidos, que nunca podremos establecernos. Y como la mosca –que acaba de regresar al mismo lugar de la mesa mientras escribo- nuestra vida es efímera, y por ello hay que aprovechar lo mejor que podamos hacer, antes del matamoscas.

Si somos como el gato, ese animal que ya sabe que, si hace lo mismo de siempre y no se mete con nadie, recibirá la comida, tendrá caricias de vez en cuando, estará en conforte, podrá salir y entrar a defecar su amargura en cualquier lugar que no se comprometa con nada.

Pero si eres el perro asesino, tendrás varias opciones: ser banquero de grandes capitales; ser político encumbrado en el poder; ser simplemente asesino, que ahora les dicen elegante y eufemísticamente sicario.

Sin embargo, existe la alternativa. Sabrán ustedes.

 

Mexicali, Baja California a 11 de diciembre de 2021

 

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