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Foto: Luis Arellano

Caballos y ejecutados

Bicitecleando: andares por la ciudad

Por: Tomás Di Bella

MEXICALI.- He visto películas de westerns jaligudenses, donde los muertos caídos, sean indios o vaqueros blancos, los caballos, que no saben que se está filmando una escena, son indiferentes porque además no saben si es verdad que el jinete muere o no. Los he visto a esos caballos en muchas escenas, les vale, sólo quieren ir a ver a su rancho, o a su dueño o a su yegua a su potrillo. Los he visto cabalgando en escenas con trasfondos campiranos y épicos.

Una vez leí un libro donde un joven muy erecto se decidía ser caballo. Y ser caballo podría ser estar fuera de la sociedad con esquizofrenia, o estar en una obra de teatro. De cualquier manera, hacer teatro o ser esquizofrénico son símiles de libertad.

Hace poco, no mucho, hubo siete ejecutados –como si esta palabra fuese juicio- cerca de mi casa que es un rancho y también un rodeo. Donde caballos y yeguas hermosas pastan en sus corrales, sus dueños y dueñas hacen el jaripeo cada de vez en cuando, pero uno que vive cerca, día con día va uno y mira y saluda a estos equinos, equus, caballerosos llenos de hermosura, con inmensos ojos de estrellas y profundidades de sueño. Ellos, los apacibles, frente a ellos, dejaron a los ejecutados.

Los caballos del corral olieron quizás la muerte, pero ellos siguieron en su asunto: a los caballos, los elefantes, la llamas, las jirafas, los gorilas, los gatos y los perros, les importa poco que un humano muera.

Y uno puede preguntarse la indiferencia de los equinos, sus más allá de uno, sus profundidades. Ellos no se matan nomás porque sí, porque ellos, los equinos en el corral, ven a la luna, y relinchan de orgullo, aún en su domada, siguen siendo más libres.

Las muertes de ejecutados, torturados, despreciados, desaparecidos y violados, son supremas para nuestra conciencia, para la manera en que nos movemos con los nuevos gobiernos, cómo le hacemos con la nueva esencia gubernamental, que siendo mujer y embarazada, hablar de ella es un insulto no sólo machista sino idiota. Entonces los animales no tienen opinión, pero tampoco nosotros, ante una imagen casi religiosa de la nueva gobernadora.

Quiero sólo hablar de los caballos de Hollywood, que no saben que los están filmando, que no les importa si el jinete murió.

26 de noviembre de 2021

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