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Sergio: amigo, maestro

Columna: SIN NOMBRE

Por: Luis Arellano Sarmiento

MEXICALI. – Cuando por un trabajo estudiantil el destino me llevó a conocer al periodista Sergio Haro Cordero, no tenía idea de lo que aquel hombre alto melenudo de sonrisa constante, significaría en mi vida.

Sin encontrarlo en las aulas universitarias, fue mi gran maestro, mentor y amigo. Su muerte pega en lo más profundo de mi corazón; el vacío que deja en el periodismo del noroeste mexicano, es un hueco grande difícil de llenar.

Reiteradamente, escuché decir a Sergio que no se asimilaba haciendo otra cosa que no fuera periodismo, que seguramente así iba a morir. Y así fue. El martes 30 de mayo por la mañana falleció a la edad de 59 años, su esposa Zayda lo encontró inerte sentado frente a su computadora. En su escritorio la grabadora de reportero, pluma, la libreta con su letra inconfundible, los documentos base con los que sustentaría el reportaje que entregaría esta semana para el Semanario Zeta.

Aunque nació el 27 de diciembre de 1959 en el poblado Luis B. Sánchez de Sonora, siempre se dijo mexicalense del Valle.

De ideología liberal, de izquierda, asiduo lector, “El Haro” es de esas personas que dejan huella, legado, enseñanza de la mejor pues predicó con el ejemplo.

La grandeza de Haro Cordero estuvo basada en su honestidad al ejercer el periodismo, en nunca olvidar la función social intrínseca de la profesión, en su sabiduría y tolerancia al enseñarnos el oficio a quienes empezábamos en esta aventura.

Incorruptible. Nunca vendió su conciencia al ejercer el periodismo, su pluma no sucumbió a las prebendas del poder.

Estudió licenciatura en ciencias de la educación en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), como alumno fue testigo y activista en la huelga de 1981. Todavía no terminaba la carrera cuando se unió a compañeros para participar como fotógrafo en una revista. A la postre ganó también reconocimiento como fotoperiodista de renombre.

En la publicación supo plasmar las injusticias, de crónica concisa; se animó a enviarle su trabajo a don Jesús Blancornelas, en aquel entonces codirector del Zeta junto a Héctor “El Gato” Félix Miranda. Y fue así como empezó a trabajar en el Semanario Zeta, de hecho, estuvo en intervalos de tres etapas.

Trabajó en diarios locales, corresponsal de agencias internacionales y nacionales. En 1997 fue fundador del Semanario Siete Días, publicación que sufrió el asesinato de Benjamín Flores, uno de los socios fundadores.

Tras investigar el homicidio del periodista sanluisino, él mismo fue amenazado de muerte. No lo amedrentaron y continúo su labor.

En lo personal, Sergio me regaló el privilegio de su amistad, y el honor de convivir decenas de reuniones con su esposa Zayda, valiosa mujer que compartió su vida desde universitarios; y con su hijo Luis Carlos, un muchacho que Sergio supo educar y ahora es un hombre de bien.

Sergio estaba por publicar su segundo libro. Ya está terminado y en la imprenta; antes, en 2012 publicó “No se Olviden de Nosotros”, compilación de reportajes y crónicas que por más de 30 años el periodista registró. Editado por la UABC.

Entre los temas recuerdo la huelga universitaria, corrupción gubernamental del organismo operador del agua, el terremoto de 2010 en Mexicali, la sangrienta lucha por la plaza en el estado.

El periodista me regaló el honor de ser presentador de su primer libro, me sentí honrado, halagado. Lo hice con mucho gusto y orgullo.

Después de entrevistarlo para aquella tarea en mi etapa universitaria, con esa sonrisa benévola porque se nos había olvidado el casett, y porque así es el destino me lo encontré un par de veces más como practicante de reportero, otra ocasión le llamé para pedirle ayuda y me ofreció trabajo. Mi primer trabajo de reportero con paga en el Siete Días. Después nos encontramos en otros medios como colegas y compañeros.

De ahí mi agradecimiento, cariño y dolor por su ausencia.

Don Jesús le tuvo aprecio y respeto, “salúdeme a Sergio”, me decía reiteradamente; a mi juicio los dos mejores periodistas de Baja California. Con orgullo digo, mis dos grandes maestros en la profesión.

A quienes nos formó como reporteros, nos queda la satisfacción que Sergio Haro Cordero seguirá presente con su legado.

Y de lo que estoy seguro, es que en algún momento nos habremos de encontrar.

Nos vemos Haro.

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2 comentarios

  1. Carlos Alonso Ramírez Siqueiros

    Hermosa Nota Luis. Una perdida de la que no será facil sobreponerse y solo el tiempo podrá ir cicatrizando pero que la marca queda en el alma y el el corazón. Su legado queda para todos los que trabajan en esta bendita profesión del periodismo, y su rectitud debe ser un camino que todos los que se dedican a la pluma y a la cámara fotográfica deben continuar. En hora buena amigo, tu eres de su escuela y hay que trabajar todos los días para honrar su memoria. Un fuerte abrazo.

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